Edulcorantes artificiales y microbiota intestinal

Publicado por Nutrición con Esperanza en

Nuestra microbiota está acostumbrada a recibir sustancias derivadas de nuestra alimentación y procesarlas. Conocemos bien cómo influyen en la microbiota los productos naturales, fibras vegetales, polifenoles, licopeno, resveratrol, el lignano de las semillas de lino… productos que durante miles de años ha estado consumiendo el ser humano.

Por el contrario, “los químicos de síntesis son relativamente nuevos” y desconocemos el efecto que pueden tener a largo plazo en nuestro organismo. Algunos estudios están relacionando el consumo de edulcorantes artificiales con “disbiosis intestinal”, es decir con un desequilibrio en la “microbiota intestinal”, al punto de que se están viendo cómo un desequilibrio en la microbiota intestinal conlleva en general una peor salud, pudiendo afectar a la tolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina, y sobrepeso entre otros. Además de producir la falsa sensación de estar cuidándonos.

La sacarina (E-954), se obtiene de la síntesis química del tolueno u otros derivados del petróleo. En la creación de estos edulcorantes sintéticos se ha pensado en mantener  el sabor dulce  reduciendo las calorías. El truco para que estos productos no aporten calorías no es otro que el organismo no los absorba. Al no ser absorbidos en la digestión, estas sustancias llegan íntegras al intestino grueso y una vez allí son el alimento para un determinado tipo de bacterias intestinales en detrimento de aquellas que son más interesantes para nuestra salud (las que se alimentan de las fibras fermentables) Por ello, por PRINCIPIO DE PRUDENCIA, conviene retirar los edulcorantes artificiales de nuestra alimentación.

Elije endulzantes de calidad, como miel sin pasteurizar (aporta minerales, polifenoles que mejoran la microbiota intestinal), azúcares integrales tipo panela o azúcar de coco y por supuesto, frutas secas (pasas, dátiles) o frutas frescas dulces para satisfacer el deseo de dulce con productos naturales. En pequeñas cantidades, puesto que todos los azúcares, incluidos los de buena calidad se metabolizan en el organismo de la misma manera. Producen una elevación de la glucosa en sangre, que se regula a través de la liberación de insulina por el páncreas. Este exceso de glucosa se acumula en el organismo en forma de grasa.

Por ello es más  interesante reducir el umbral del dulce, adaptando el paladar poco a poco  a sabores menos dulces  para ello ir bajando la cantidad de azúcar que tomas de manera progresiva, hasta que puedas tomar prácticamente sin azúcar o con una pequeña cantidad.

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